miércoles, 29 de octubre de 2014

NUESTROS MUERTOS SON CALAVERITAS DE AZÚCAR


Ya se acerca el Día de Muertos, tan bellamente celebrado y conmemorado en México. Lugar en el que el luto para esa fecha, no tiene para nada el tan solemne color negro, al contrario, está lleno de colores que rompen en éxtasis en la percepción cromática de nuestros ojos, en sabores a platillos favoritos del difunto, en aromas de flores de cempasúchil y copal, en texturas de papel picado y en sentimiento de que él o ella está presente, pues tal invocación es irresistible hasta para el mismo muerto, que cruza dimensiones y revive acá en la Tierra en la memorias de los vivos.
 
¿Y no se supone que la muerte debe ser así? Una bella celebración para rememorar a nuestro ser amado por haber dado el gran paso a la vida eterna. Claro que hay muertes esperadas y otras inesperadas, aunque para mí todas nos llegan de sorpresa y todas son dolorosas. En realidad, nunca estamos preparados para ver a un ser querido trascender, y mucho menos cuando su ciclo de vida natural supusiera haberse saltado o no alcanzado a llegar a una etapa.
 
Cuando vivimos bien y procesamos correctamente el duelo, entonces podemos celebrar un auténtico Día de Muertos. Recordar los más dulces, ricos, intensos, festivos y deliciosos momentos a lado de esos seres que ya están en otro lado, vibrando en otra frecuencia.
 
Dicen por ahí que recordar es volver a vivir y la mente tiene algo bellísimo al respecto. Cuando un ser querido muere, aunque haya tenido muchas fallas, la mente le enaltece, en los funerales casi no hay comentarios de sus defectos o de a quién hizo infeliz el difunto, al contrario, encontramos que “era un gran hombre”, “era una gran mujer”, “era un santo que le faltaba le salieran su aureola y sus alas”, porque ese es un mecanismo de protección de la mente en contra del dolor, tender a enaltecer y exaltar las cualidades positivas del muertito.
 
Es así como en esta ocasión, nos conviene seguir el impulso de la mente, endulzar la personalidad del difunto y recordar en anécdotas las cosas más bellas que nos aportó en vida. Así mismo, hemos de celebrar su vida eterna y arrancarnos el ego y apego que nos hace extrañarle, porque él o ella, es feliz en donde está, y mientras tanto acá en el panteón, nuestros muertos son calaveritas de azúcar.
 
¡Feliz día de muertos para todos!
 
Amor, luz y bendiciones.
 
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