miércoles, 22 de octubre de 2014

ESTABLEZCAMOS PAZ EN NUESTROS CORAZONES Y NÚCELOS FAMILIARES

A lo largo de las últimas semanas y a partir de mensajes recibidos por medio de meditación y canalización, he sido guiada por los ángeles de Dios para hablar sobre diversos temas relacionados con la violencia que a todas luces prevalece impositivamente en el mundo entero, y diversas formas de contrarrestarla.
 
El proyecto de amor más grande de Dios es el ser humano, que precisamente fue hecho con amor y para amar. Ahí se encierra el objetivo fundamental de nuestra existencia terrenal, acumular acciones virtuosas a favor de un restablecimiento de la paz, armonía y aceptación de cada ser humano.
 
Nuestro reto es defender la vida, cuyo valor ha estado a la baja en un mundo que parece ser dominado por la tan acertadamente llamada “cultura de la muerte”. Recordemos que en el Plano Divino, la muerte es causada por el pecado y todo pecado es una acción que va en contra de la misma naturaleza humana, que altera, corrompe y, en muchas ocasiones, daña definitiva e irreversiblemente la vida de la persona que lo ha cometido, afectando a los demás, pues casi siempre provoca una reacción en cadena.
 
El llamado del Cielo es urgente. Estando en el entendido de que pequeñas acciones pueden causar grandes efectos, los ángeles de Dios nos llaman a establecer la paz dentro de nosotros mismos y dentro de nuestros núcleos familiares. Dominar nuestro carácter egoísta, controlar nuestras pasiones dañinas y evitar cualquier tipo de violencia mental, verbal y física, es el comienzo de todo ello.
 
Pedir a Dios la fuerza para dominarse a uno mismo, no es una petición en vano. El ejemplo que estamos dando en casa es el que se está revelando como una acción y consecuencia activa en el mundo, siendo el resultado no agradable.
 
Desde el inicio de los tiempos existen corrientes ideológicas que atacan las creencias en un ser divino. Sepamos que eso a Dios no le afecta, no le duele. Lo que duele es que el hombre que ataca, en su mayoría, no propone un plan de vida armónico, sino que confunde a la multitud. Las religiones en sí, no son culpables de las guerras en el mundo, el hombre, en cambio, sí es responsable por ellas, por escudarse en un Ser Superior para emprender acciones del maligno, pero eso es como tal, una acción del maligno a través del hombre, quien ha sido seducido y poseído por esa sombra.
 
Amor, perdón, tolerancia, comunicación, respeto por el prójimo y por la vida misma, son acciones urgentes para restablecer la paz en el mundo. Hoy y cada día de nuestras vidas, estamos invitados a hacerlo.
 
La paz esté con nosotros. Así es y así será.
 
Amor, luz y bendiciones.
 
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