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¿CÓMPLICES POR AMOR O POR MIEDO?

Tu silencio es complicidad.
La complicidad es un crimen.
Complicidad, hay una buena y una que perjudica. En esta ocasión hablaremos de esa que hace daño. ¿Tú sabes qué es la complicidad? ¿Cómo podrías definirla?

Según el diccionario, la complicidad es la participación de una persona junto con otras en la comisión de un delito o colaboración en él sin tomar parte en su ejecución material. Así pues, hoy voy a hablar de la complicidad de la familia ante el acoso y la violencia escolar.

Siendo un tema tan ampliamente tratado, el bullying, violencia o acoso escolar, me parece rarísimo que todavía haya alumnos poco informados y padres tan poco concientizados al respecto. Hace poco, supe de un caso en el que una madre de familia estaba siendo testigo de cómo su pequeño hijo formaba parte de la organización de un evento violento en su colegio. Ella no había dicho nada por temor a que su hijo fuera involucrado en cualquier problema académico y disciplinario, y más allá de eso, tal vez en la psicología de la madre estaba el proteger a su hijo por sobre todas las cosas. Afortunadamente, esa mujer por una situación "al azar" tuvo el valor o la vergüenza o el remordimiento o lo que haya sido, y rompió la complicidad.

Cuando nos ponemos a pensar en hechos tan aberrantes como este, es cuando de verdad entendemos que en muchas ocasiones todos nosotros, a lo mejor alguna vez hemos sido cómplices de otros, voluntaria o involuntariamente. Sin embargo, la complicidad puede romperse al denunciar a la persona que intenta cometer un acto perjudicial hacia los demás. Romper la complicidad implica valor y coraje para hacer frente incluso a represalias, pero es mejor hacerlo, antes de convertirse en un testigo silencioso y un criminal anónimo de un plan macabro que puede resultar realmente mal.

Para detener el acoso y abuso escolar, se necesitan alumnos, padres y maestros intolerantes ante cualquier forma de organización mafiosa dentro y fuera de las aulas. Esta época exige más que nunca, intolerancia en estos aspectos. Como padres, al darnos cuenta de que un hijo participa de manera directa o indirecta en la organización o en la acción de eventos violentos, no podemos quedarnos callados y adjudicarnos erróneamente el precepto de “los tres monos sabios”, eso no es inteligente por ningún lado.

Padres que aman a sus hijos son intolerantes ante la complicidad, padres que más que amor tienen miedo, tolerarán ser cómplices de sus hijos. Los padres que aman a sus hijos no les permiten ir más allá en ningún plan que pretenda dañar a otros, al contrario, refuerzan el valor, la nobleza, la honestidad y el coraje de corazón para denunciar hechos inadmisibles. Valores que por cierto, están en decadencia, tal vez a responsabilidad de padres pasivos que más que amar a sus hijos, temen.

Ser cómplices es tan criminal como ser ejecutores materiales de un crimen. Padres, debemos aprender a hacer a nuestros hijos responsables de sus actos, debemos alertarlos en todo momento y prohibirles, si es necesario, su participación en cualquier hecho violento. Me parece que por padres tolerantes a la violencia, la violencia y el acoso escolar persisten.

Niños violentos existen por padres discípulos y practicantes de la violencia. ¿Cómplices? Los hay, no sólo padres, sino también alumnos, académicos y cualquier otro que se encuentre ahí por “casualidad”. Denunciar el bullying y prohibir contundentemente a los hijos la complicidad, es y será siempre un acto de profundo amor y protección hacia ellos.

Si ves algo, dilo. No permitas a tus hijos avanzar en hechos violentos porque esa no es la forma de amarlos, al contrario, los estás destruyendo. Ten el valor. No te vuelvas un criminal indirecto ni parte de una tragedia.
Amor, luz y bendiciones.
No te olvides de visitar mi web Quantum Holística.

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