Desde hace 8 años me gusta comenzar mi día con una oración de agradecimiento y un decreto metafísico o afirmación. Aunque todo empezó con una sugerencia de una persona muy estimada, me sentía tan mal, que probé a hacerlo gastando quizás el penúltimo de mis esfuerzos para contrarrestar tantos sentimientos negativos que se aglutinaban en mi corazón, haciendo sentir siempre mi pecho presionado por una gran losa de concreto. Así, aunque a veces ni yo misma me creía las cosas que decía y repetía en mi mente, y cuando podía en voz alta, esto que fue un simple recurso más al que apostaba que no funcionaría, poco a poco me fue quitando el peso de esa losa de concreto del pecho, me ayudó a recobrar la autoestima y autoconfianza, y se convirtió en un bello hábito para mí. Los decretos y las afirmaciones, son como un mantra, protegen a la mente que se la pasa siempre vagando, pues es ociosa por naturaleza. Lo más importante es que me di cuenta de que yo misma podía ser responsable de m...